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NUESTRO
PRIMER GIGANTE |
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Por.
Vicente Canosa
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Esta temporada
no ha sido muy buena para la pesca del atún en Menorca a pesar
de las excelentes condiciones meteorológicas que permitieron
salir al mar prácticamente todos los días desde mayo hasta
finales de agosto. Aunque los primeros atunes al curri fueron
tempraneros y ya pudimos disfrutarlos en San Isidro con el agua
a 19 grados, la ola de calor que nos azotó desde entonces fue
subiendo rápidamente la temperatura del mar hasta alcanzar casi
los 30 grados durante todo el mes de agosto. Esto hizo que el
paso de los atunes fuese muy rápido y aunque en junio se
pudieron hacer buenas pescadas al curri con atunes y albacoras
de entre 5 y 15 kilos, en julio ya fue descendiendo el número
de picadas y en agosto los afortunados que pudieron embarcar
algún atún fueron muy pocos.
En vista del poco éxito del curri en julio, decidí comenzar a
brumear en busca de mi primer gigante. Me había estado
preparando durante todo el invierno, leyendo libros y revistas
en abundancia y acudiendo a los distintos salones para tratar de
equiparme y aprovechar para investigar, charlando con todo el
que estaba dispuesto a dedicarme un rato, el "que" y
"como" hacer para conseguir una picada de tan preciado
trofeo. Mis mejores mentores fueron mis amigos Felix "Florit"
gran aficionado al submarinismo y a la pesca de altura y que
regenta una magnífica tienda de material de buceo y de pesca en
Es Castell y Fernando Barandiaran, patrón del Cayuko, una
preciosa Garín de 11 metros y con experiencia en la pesca del
gigante. Félix me enseñó la técnica del fondeo, ya que es
habitual pescador de fondo en el cantil de Menorca, mientras
Fernando me indicó una magnífica seña de su GPS donde él ya
había tenido éxito en temporadas anteriores. |
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Así el viernes
25 de julio hablé con ellos y con mi amigo Felipe Moreno para
ver si se animaban a salir al día siguiente. Lamentablemente
ninguno de los tres podía por distintas razones personales muy
a pesar suyo. Estuve a punto de desanimarme pero ya tenía la
sardina comprada y el día amaneció magnífico con el mar como
un plato por lo que decidí salir sólo a pesar de lo poco
recomendable de la idea. A las 7,30h de la mañana partí del
puerto de Mahón y a las 9 comencé a brumear mientras me
entretenía con una caña de fondo. A las 13,15h cuando estaba
soltando una de las cañas a la que había cambiado el cebo,
noté que la botella se alejaba más rápido de lo normal por lo
que rápidamente solté toda la línea que aún tenía en la
mano con más miedo que sorpresa. La línea comenzó a
templarse, la botella se hundió y tras unos segundos de tensa
espera, la caña se dobló y la carraca comenzó a chillar como
loca.
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No me lo
podía creer!!! Acababa de clavar mi primer gigante y
estaba SOLO en la embarcación! Rápidamente recogí la
otra caña, encendí los motores y solté el fondeo
mientras el carrete no paraba de girar a toda velocidad.
No sabía que hacer! Si llamar por teléfono pidiendo
ayuda, sacar una foto de la caña doblada o tratar de
sacar la caña del cañero y comenzar el combate. Esto
último me daba pánico. Nunca me había enfrentado antes
a esta experiencia y había leído mucho sobre la terrible
fuerza de un gigante y el peligro que ofrece para una
tripulación inexperta. No solo yo era inexperto sino que
no tenía ni siquiera tripulación!!
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Además
no contaba con más arnés que una espaldera de stand-up
por lo que la idea de vencer al atún ni se me pasaba por
la cabeza. Yo ya estaba feliz con que me hubiese picado y
ver la descomunal carrera. Por supuesto nunca pensé que
vería al atún. Finalmente con más miedo que ganas y
temblándome las piernas, opté por sacar la caña del
cañero y colocarla en la silla para saber al menos como
podía haber sido un combate. El carrete, un Everol 9/0 de
80lbs con casi 800 metros de monofilamento de 130lbs,
seguía girando cada vez a más velocidad y apenas quedaba
un cuarto del tambor. El atún había optado por correr en
horizontal alejándose de la embarcación y no se paraba.
Traté de bombear pero fué inútil pues seguía sacando
línea. |
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En ese
momento pensé que se iba a llevar toda la línea sin
darme siquiera oportunidad de bombear y conocer lo que
era un combate. Estuve tentado de apretar más el freno
pero recordé que en todos los artículos que había
leído se recomendaba precisamente lo contrario ya que
la resistencia aumenta según se va vaciando el carrete.
Además el Everol me lo recordaba ya que tiene en su
lateral la escala de frenado para distinta carga de
línea y estaba por encima de los 20 kilos con el
carrete ya casi En un último intento de no perder el
atún decidí levantarme de la silla y coger los mandos
de los motores para dar reversa a tope en dirección del
atún y evitar que se agotase el hilo. |
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En
cuanto me levanté, la caña saltó por la borda
pues la tenía atada con una línea de seguridad
de más de 3 metros, de las que uso para el
curri en stand-up, y pensé que ahí se había
acabado todo incluyendo la pérdida de la caña.
Sin embargo tuve la suerte de que aguantaron
tanto la linea de seguridad como el
monofilamento por lo que pude recuperar la caña
con el atún aún prendido. Puse la caña en el
cañero y dí reversa siguiendo al atún hasta
que prácticamente no quedaba hilo en el
carrete. En ese momento la línea se destensó
de repente sin haber agotado el hilo y pensé
definitivamente que esta vez si había perdido
al atún posiblemente por rotura del nudo o por
desanzuelo por lo que paré motores, me senté
en la silla y me puse a recoger despacio con
todo el cuerpo temblando y gritando de emoción
por todo lo que me acababa de pasar en tan pocos
minutos. Tardé casi 3 minutos en recoger la
mayor parte del hilo cuando ¡cual fue mi
sorpresa! comencé a notar de nuevo resistencia
en la línea!. No había perdido al atún,
simplemente se había dado la vuelta y venía
nadando hacia mí por lo que con tan sólo 200
metros de línea fuera del carrete comenzó el
combate de verdad!. Fueron más de 4 horas de
tira y afloja, las primeras 2 horas en la silla
y cuando yo ya estaba reventado, con la ayuda
del cañero. Finalmente a las 17h logré ver el
atún platear a unos 10 metros debajo de la
embarcación. No podía creerlo! Era lo mismo
que había visto en tantos vídeos y fotos y en
la realidad era aún más impresionante. Sabía
que la tarea de tratar de ganchearlo yo sólo
era imposible pero me resistía a no intentarlo.
Me acordé del viejecito del libro de Hemingway
y me animaba pero al mismo tiempo había leído
y oído historias de pescadores que habían
saltado por la borda al ganchear un gigante por
lo que el miedo podía más que las ganas de
vencer al atún. Finalmente me puse los guantes
y traté de subir el atún a la superficie.
Efectivamente lo logré apareciendo a 10 metros
de la popa enseñando la panza y la aleta
pectoral y listo para el gancho. |
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Ficha
Pieza: Atún Rojo - Bluefin
Peso: 140,5 kilos
Lugar: Menorca
Embarcación: Luhrs 290 Open
Nombre: Pol II
Patrón: Vicente Canosa
Tripulación: Felipe Moreno
Caña: Tecnofish 80 lb
Carrete: Penn International II 80W
Linea: Suffix 130 lbs
Carnada: Sardina |
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Tiré
del hilo, lo acerqué al costado de la embarcación y le
traté de meter el gancho pero como no podía ser de
otra forma, se metió debajo del casco cortando el sedal
limpiamente con las helices y desapareciendo de mi vista
para siempre. No sé que peso tendría pero con
seguridad sobrepasaba los 100 kilos. En ese momento
tenía una sensación agridulce. Por un lado acababa de
perder un gigante en el último suspiro pero por otro
había logrado combatir mi primer gran atún y la
experiencia había sido inimaginable. Inmediatamente
llamé a mis 3 amigos y les conté lo que me acababa de
suceder. No se lo podían creer. Puse rumbo a puerto y
según pasaban las horas me quedaba más satisfecho de
la experiencia vivida.
Durante el mes de agosto salimos prácticamente día sí
día no con la esperanza de volver a clavar un atún.
Obviamente no volví a salir sólo nunca más no sólo
por las pocas ganas que yo tenía sino porque no
faltaban voluntarios tras la primera experiencia. En
varias ocasiones tuvimos un atún en la sonda y en cinco
llegamos a verlo en superficie. De estos cinco nos
picaron cuatro, clavamos tres, nos rompieron la línea
dos y por fín el 23 de agosto logramos embarcar el
primero. Fue un precioso atún rojo de 140,5 kilos que
nos costó algo menos de 2 horas de combate. Durante el
transcurso del verano fuimos mejorando el equipo y la
técnica, primero incorporando un arnés de silla,
después un mango curvo para la caña, monofilamento
nuevo en los carretes, giratorios de 500 lbs, bajos
invisibles de 300 lbs y finalmente dobles líneas y
ajustes de freno con la inestimable ayuda de mi amigo
José Plasencia (Ché Ché) que me estuvo dando muy
buenos consejos antes de cada una de las salidas. En
definitiva un magnífico verano 2003 que nos ha
permitido cumplir el sueño de cualquier pescador de
altura.
Vicente Canosa. |
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Gracias:
Vicente |
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