LANZANDO al INFINITO (parte I, pag 2)

  

Cuando la marea comienza a subir crea una corriente que normalmente circula al principio a través de algún paso que deja la barra de arena y coincide en ocasiones con la desembocadura de un río o riachuelo pues casi todas las playas cuentan con uno.
Al ir penetrando el agua, los peces siguen la corriente gradualmente. Las piezas de mayor porte se desenvuelven habitualmente por detrás de la barra en la zona más profunda, al menos en teoría, ya que esta premisa se rompe con inusitada frecuencia.
Cuando se alcanza la pleamar tenemos unas olas que rompen antes de la barra y luego se remansan cuando llegan al canal.

 

Surf en playa de Santa Ana, Querúas, Asturias.
Lanzando sobre área de piedras.
(Foto del autor)

 

El punto de mira de nuestro cebo se encuentra allí donde se alcanza la zona más profunda detrás de la barra, si bien la distancia puede hacer inviable la consecución del objetivo, por lo que podemos dirigir el cebo al canal.

De todas maneras la variabilidad de estos factores es enorme y sólo la experiencia nos determinará la opción a elegir.
Entre primavera y otoño suceden los mayores cambios: las primeras marejadas del otoño - también las riadas- mudan la configuración, expoliando y aportando alternativamente enormes cantidades de arena, dejando incluso el soporte de roca al descubierto.

Esto afecta a las medidas de profundidad que varían mucho entre estaciones. Es necesario tener presente estos factores y permanecer atento a las condiciones actuales a fin de tomar las medidas oportunas.
Estas particularidades rigen siempre para las playas arenosas. Por ello la práctica del surfcasting como tal es más propia en costas de este tipo.
Sin embargo, no podemos olvidar aquellos litorales en que prevalece la línea litoral cortada, como sucede en todo el noroeste peninsular. Esta circunstancia da lugar - sobremanera en el mar Cantábrico - a las típicas playas cortas donde los arenales representan la minoría.
A fin de cuentas, el lanzado en zonas de guijarros también puede asimilarse de la misma forma.

Existen unas condiciones óptimas que procuraremos conocer.

Los mares en calma no son adecuadas en términos generales; las grandes marejadas, por su parte, pueden volver impracticable un sector costero.
Dentro de estos límites, existe un crisol de posibilidades y sólo el conocimiento experimental nos allanará el camino a tomar.

Precisaremos cañas entre 4 y 5 metros de longitud, aunque en ciertas ocasiones pueden valer medidas entre 3,5 y 4 metros.
En todo caso, valoraremos positivamente los modelos fabricados en materiales resistentes y flexibles como la fibra de vidrio, carbono y carbono/kevlar.

 

 

Una jornada en la playa de Frejulfe, Asturias.
(Foto del autor)

Se trata de efectuar lanzamientos largos en la mayoría de las ocasiones por encima de 100 metros.
Dispondrán de un buen anillado (hoy por hoy las SIC, en carburo de silicio, son unas de las mejores). El número habitual varia desde las 4 a 6 cuando usamos carrete de bobina fija y hasta 8/9 en el caso de emplear el giratorio.
En cuanto a la elección del carrete, aconsejo para las costas del noroeste ibérico el de bobina fija entre otras por la facilidad de uso.

 

Nudo de fusión para líneas de parecido espesor, adecuado el empleo de bajos tipo "shock-leader".

 

Todas las marcas disponen de su gama con bobina alongada cónica, rodamientos a bolas, etc.
El grosor y resistencia del sedal a utilizar para rellenar la bobina dependerá de las condiciones de la playa y el fondo marino, región costera y especies susceptibles de pesca.
No obstante y como norma de carácter general, la sección del nailon guarda una relación inversamente proporcional a la distancia de lanzado en las mismas condiciones. Por consiguiente, la práctica nos servirá como guía en este sentido.
Por ejemplo, si estamos en una playa que suponemos de composición mixta de arenal y piedras, conviene un elevado grosor si la distancia de lanzado no es larga.

Por el contrario, en playas de costa baja con gran plataforma que pueden hacer precisos lanzamientos de más de 150 metros, acudiremos a líneas más finas (0,16 a 0,25 milímetros de espesor).
En el mercado existen productos que con toda seguridad satisfarán todas nuestras pretensiones al respecto.

He practicado el tipo de acción que se acomoda a las playas del mar Mediterráneo. En la costa de Barcelona y Tarragona, por ejemplo, son especialistas en la construcción de punteras híbridas, más finas.

Especialmente adaptadas al lance de pesos medios (plomo "catalán" de 120 gramos en forma ahusada), permiten conseguir las grandes distancias precisas en una costa no siempre rica en peces.

Yo empleo en mis carretes para las playas del noroeste sedal del 0,35mm al 0,40mm de sección (al menos 250 metros).
En todo caso conviene recordar que no siempre la distancia asegura aumentar las posibilidades pues los peces en ocasiones se mueven en la punta de olas.

Los terminales donde se concreta el aparejo final deben elaborarse en sedal de diámetro mayor al general. Bastan unos 6 a 7 metros de sedal unido al general mediante un nudo de doble gaza o un nudo supremo.
Podremos acudir, al objeto de facilitar la arquitectura del aparejo, a finales de aguante (denominados "shock - leader"), que consisten en una línea fina que aumenta de tamaño (de 0,20- 0,35 mm hasta 0,60-0,70 mm al final).

 

 

Otra composición simple para unir líneas. Resulta útil cuando son diámetros muy divergentes. El extremo grueso se anuda al fino mediante uin nudo simple.

 

Continuación

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