CONGER DE NOCHE (pag 2 de 2)

  

Deberemos lanzar allí donde la experiencia nos dicte, por lo que es preceptivo disponer de un conocimiento preliminar del lugar.
La pleamar es el momento más adecuado ya que habilita los recorridos cotidianos, los cuales iremos perfilando en agudo conocimiento para guardar registro en nuestra agenda personal. Si en una zona pescamos un congrio, es probable que volvamos a pescar la próxima temporada. Si un congrio se evade, puede que vuelva a comer de nuestro cebo en otra ocasión, siendo habitual, a este respecto, ver las mandíbulas lamentablemente desgarradas.

 

Montaje con anzuelo triple del 3/0. La cabeza la separamos y fijamos con hilo elástico.
(Foto del autor)

 

La forma de picar del congrio es característica, manifestándose sin brusquedades por una curvatura progresiva de la puntera.

Es conveniente dejar sueltos unos metros de línea para que el animal acepte confiado el cebo sin que denote resistencia. Pero, una vez comprobado que ha tragado el alimento, clavaremos con fuerza y procuraremos no ceder a toda costa ya que la pieza buscará cualquier resquicio para introducir la cola y entonces lo habremos perdido.

Al recuperar nos puede dar sensación de peso más que de otra cosa y no deberemos esperar grandes carreras, tal y como haría una dorada. No obstante, cuando sobrepasan los 5 Kilogramos resulta harto difícil acercarlos a la zona seca.

Es preciso, así mismo, extremar las precauciones una vez lo hayamos sacado. Nunca lo manipularemos con las manos. Es preferible utilizar un buen gancho y rápidamente introducirlo en un saco.

El congrio permanece con vitalidad hasta varias horas, lo que complica más si cabe su manejo, peor aún si nos encontramos en una puesta con mala salida y además, de noche.

Por ello, aunque pueda parecer cruel, lo más adecuado es no prolongar la agonía del animal.

Un golpe seco y fuerte con un madero en el cráneo es suficiente y unos golpes previos en la parte media servirán también a efectos de inmovilizar al especimen.

 

 

El picado de la sardina, con tres kilogramos
podemos afrontar una velada.
(Foto del autor)

 

       

Aquellas playas donde predominan los bajíos y las grandes piedras, son ideales y lugares elegidos como refugio por el congrio. Aquí realizo un lance justo antes de oscurecer, tras haber cebado la puesta con sardina. (Foto del autor).

 

Instantánea tomada a las tres de la madrugada.
Tres bonitos ejemplares. (Foto del autor).

Se capturan grandes congrios en bajamar conociendo los refugios. Mi tío era un gran experto. En estos casos se emplea una cuerda fuerte al final de la cual se dispone un trozo de sedal grueso (mínimo 1mm) o de hilo de acero con un anzuelo terminal grande, de los utilizados en palangre de congrio (4/0-6/0, cebado con una sardina).
Consiste en esperar al tiento la picada, que se puede percibir a simple vista. El clavado será enérgico y se debe tirar con fuerza a fin de conseguir extraerlo de su cubículo.
También se utiliza un instrumento parecido, denominado en el norte "armadillo". Consiste igualmente en una cuerda larga al final de la cual se dispone un cable o una cadena consistente y al extremo el anzuelo y un plomo perdido.
El artilugio, bien cebado, se lanza (durante las noches) al espacio que hemos determinado, resultando adecuadas aquellas postas conformadas entre los huecos configurados por los bloques de protección de los puertos.

La sardina: variedades de presentación en anzuelo.
La primera y las dos últimas son válidas para el congrio.
(Esquema del autor).

      

Tras una noche en penumbra, sólo iluminada por el luminoso en la puntera de la caña y por los barcos de pesca, mecidos en el horizonte, me retiro a través de un dificultoso ascenso vertical, incomodado por el peso de los peces regalados.

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