Como un día nefasto de pesca,
se convirtió en un día de suerte, por Andrés

Amaneció el 30 de octubre de 2002 con una calma increible, ni un soplo
de aire, el mar, parecía una balsa de aceite, como decimos los mallorquines.
Salimos mi mujer, mi suegro y yo del puerto de la Rápita a pescar las pequeñas serviolas
a las que llamamos verderols.
Estuvimos toda la mañana dando vueltas con el curricán pero este día era tan bueno y el
mar estaba tan en calma y el agua estaba tan clara, que en un fondo de 12 metros se le
podía ver como si tuviera 2 metros.
Ya aburridos de dar vueltas, decidimos dar por terminada la jornada de pesca y volver a
casa, cuando estábamos entrando a puerto pensé en repostar gas-oil para no perder tiempo
el próximo día de pesca.
Mientras estábamos repostando ví asombrado que al lado del barco había unas lubinas
enormes dando vueltas.
Mi mujer me dijo prueba de pescarlas, a lo que le respondí, esos peces son muy listos
conocen hasta la marca del nylon, pero como no podía perder nada y decidí probar suerte,
primero le tiré varias sardinas que llevábamos para pescar los verderols, pero la verdad
es que las lubinas no les hicieron ni caso, lo único que se acercó a la carnada fueron
unos pequeños peces.
Yo me las daba de gran entendido y les estaba diciendo que con el agua tan clara era
completamente imposible que estos peces acudieran siquiera a comer las sardinas y mucho
menos, cuando soltara una prendida en el sedal.
Así estaba la cosa cuando veo que de pronto vuelven y se comieron todas las sardinas,
enseguida pongo una sardina al mismo currican y cual no sería mi sorpresa cuando
la más grande de las lubinas se abalanzó sobre la carnada y la pudimos pescar.
Era una lubina de tres kilos y medio.
Uno aprende a no pontificar tanto y a ser un poco más humilde.
Hasta pronto, Andrés.
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