Artículos y experiencias de pesca

 

E L L A S

Por Carlos Redruello

 

Necesitaría ayuda a fin de lograr romper con un tópico.

A veces surgen temas como éste y me atrevo a dar fe de las variadas teorías, adoquinadas con palabras que, como losas, no atinan a enmascarar un pensamiento único. Asomarse al púlpito que ofrece un atril sobre el que se apoya un gran tomo cargado de frases hechas, retórica de plano encefalograma y profunda carga demagógica.
"Y es razón de género por qué el hombre, el macho de la especie humana, se ve cautivado por ciertos modos de comportamiento que, sin resultar en modo alguno necesarios para garantizar el sustento del individuo, llegan a formar parte lúdica de él mismo".
Me permito ironizar.

Y una atribulada fémina podrá, a la sazón, concluir cuán razonable parece ahora elevar el tono de la lucha, la reacción sin paliativos.
Vaya mi apoyo y suscripción voluntaria.
Ayuden a localizar un buen enterramiento que otorgue descanso definitivo -nunca meritorio- a tantas ideas preconcebidas. Pero necesito saber que cuento - en razón a dar cabal y completo éxito a esta empresa- con todas ustedes.
Y a mi pesar, sigo sin encontrar justificación a la ausencia.
¿Dónde están nuestras mujeres?

Domingo de diciembre. Un frescachón palpa insistente, busca un recoveco por el que penetrar y destemplar un cuerpo soñoliento. Las lanchas están en el puerto. Algunos contenedores permanecen apilados bajo custodia de la grúa.
Tertulia "luarquesa" sobre el "chapapote".
Pepe, la "turbeiriza" está llena de fuel.

Marí Paz, en una tarde plácida.

No fastidies. ¿Has visto el grupo de voluntarios que esperaba en la entrada de la lonja?
Sí, y yo estoy "molido" de recoger petróleo. ¿Cómo va tu garganta?.
¡Psssseeee!
¡Y que luego digan que no hay manchas!
Mira, ahí viene Merce.
¿Habéis ido a pescar?
Sí, ayer por la noche. Un par de reos delante de la rula, con angula. ¿Y tú?.
Estuve el fin de semana anterior.
Sabemos que esta primavera había capturado alguna lubina de las buenas.
¿Clavaste algún roballo?
Nada, macizé con pulpo y nada. A ver si vamos un día de estos.
Desde luego.

De escurridiza complexión, una fragilidad que parece y no es. Es el talante, la fuerza y convicción de las palabras, lo que hace traslucir toda una personalidad. Y Merce responde a tales calificativos.

Y cómo, en corro abierto, charlamos sin desmayo, pescadores, pescadora, de litoral cortado, de pedreros abrasivos y funambulismo en las bajadas.
Escuchar atentamente las historias, a veces teñidas de tono vehemente, aplacado gracias a un dulce gesto.

Como no podría ser de otra manera, pues.
Defensa de una chica aislada en una zona acotada, un espectáculo donde la taquilla está cerrada y los billetes repartidos, adquiridos de antemano.
La constancia, el rigor, la insistencia. ¡Armas de mujer!

Ahora dictamina sobre las puestas, los cebos, la técnica, arrogándose lo que es suyo, los sudores, el sacrificio, las horas tormentosas en la soledad de los "pedrones".

Entidad, calificación, respeto... cosecha obtenida con pulso firme lejos de la trastienda de la pesca deportiva, allí dónde desde los bares se interpela, se presume, se ironiza.
Y sigo sin ver mujeres con la caña. Y no encuentro explicación, ningún dato acertado, elocuente y definitivo, que rehúse acudir a la falaz y conservadora réplica machista.

Veo a Mercedes, agazapada entre las piedras, con la vara de carbono agarrada, con el índice rozando el sedal, buscando, acariciando en la distancia las noticias que le llegan de la Mar.
Pepe siempre me lo comenta. Son muchos, casi demasiados años. Un "muro" temporal desde que me enseñó las puestas de Otur.
Carlos, hoy está inmejorable para lanzar en los canales del castaño.
¿Viene Mari paz?

Sí.

"Patsi" da lecciones a su complaciente marido.
¡Qué fuerza interior bajo un formato liviano!. Pesca mejor que Pepe, cómo no. Él lo atribuye a la sensibilidad femenina.
Siempre con la caña en la mano, firme, comprometida y concentrada. ¡Ya pescó roballos, ya!. En Andés, en las "praderas de manitú" llevó al seco ejemplares de 7 kilogramos.
¡Vaya con Mari paz!
Agudo conocimiento al que conviene prestar fructífera atención.
Hace un par de meses nos vuelve a dar una lección. Los abadejos de Viavélez se rinden ante su tiento.

Mi amigo sigue apegado a lo que califico -con benevolencia- como sutil retranca. Y disfruto viendo cómo se quieren.
Una pareja feliz que comparte la afición.

Dos mujeres, ejemplo de abnegación, con licencia para pescar. Mejor dicho, licenciadas y con cátedra.
Otro paseo. Sin embargo, no acierto con la visión de mujeres en el muelle, ni en la playa.
Tan pocas por desgracia...
¡Y aún así, son las mejores!.

    

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