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Los
pescadores han ido perfeccionando desde el inicio de los tiempos sus
sistemas de pesca, sobre la base de la atenta observación de las
costumbres de los peces. Estos hábitos, perennes en el comportamiento
animal, se han ido modificando sustancialmente en los últimos tiempos,
debido en gran manera a los cambios evidenciados en el hábitat por la
acción causal del ser humano.
Un
proceso erosivo natural puede tardar miles, incluso millones de años, en
crear una ensenada o delimitar las dimensiones de un estuario o una ría,
con todo lo que ello conlleva respecto a las corrientes. Sólo la acción
del hombre es capaz, a lo largo de un corto periodo temporal, de alterar
todo ese conjunto |
Fría
noche en el muelle exterior de Luarca.
Este no es un buen año. (Foto del autor)
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con la creación de escolleras,
puertos, variando el
cauce de los ríos y desarrollando barreras arquitectónicas. |
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Es por
ello que, en la actualidad, resten pocos ecosistemas intocables en
Occidente, aunque algunos persisten inmutables, salvados sólo
temporalmente de la depredación.
No cabe la menor duda que los peces han podido adaptarse a los
nuevos cursos y relieves forzados en la geografía
costera.
Un paradigma de la lucha contra los obstáculos se encuentra en el
fabuloso salmón Atlántico.
Las lubinas que desde la prehistoria abordaban los cursos finales de
nuestros ríos y rías en la procura de alimento, año tras año
siguen fieles a ese comportamiento. |

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| No
obstante, la degradación ambiental y la saturación de artes de
pesca, junto a la contaminación, son factores que llevan a suponer
la disminución exponencial en el tamaño de las poblaciones. |
| Desembocadura del río
Esva, una rivera salmonera donde penetra la angula año tras año. (Foto
del autor).
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Esos
cursos de los que hablaba, son el destino todas las temporadas de
la entrada de las denominadas angulas, alevines de la anguila (“Anguilla
anguilla”) que llegan desde el mar de los Sargazos después de
unos tres años de viaje.
Durante este apocalíptico tránsito pasan por un estado larvario
inicial (larva leptocéfala) hasta tomar la forma típica de la
codiciada angula. Suele entrar en los ríos durante el periodo
invernal en grupos, aprovechando sobre todo las noches de luna
nueva y con mayor probabilidad si el mar está movido.
Se entierran en los primeros tramos del curso fluvial y en
las primeras semanas, debido a la nueva alimentación, cambian la
capa traslúcida, por una piel verde - parduzca. |
| Angulas
para una velada. Con unas docenas tendremos suficientes.
(Foto del autor). |
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Dada
la escasez actual, debida a la sobre - explotación con vistas a
la atención del consumo alimentario (ya que es considerada como
un lujo gastronómico), así como la exportación a países de
extremo oriente, que optan por |
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criarla
hasta adulta ( fase demandada por la tradición culinaria), las
administraciones empiezan a prohibir su captura sin el debido
permiso profesional.
Por ello, los aficionados que antes nos proveíamos de unas
decenas de ejemplares, ahora debemos adquirirlas en
especialistas. ¡Qué le vamos a hacer, son cosas de los
tiempos!.
A pesar de ello puedo recordar someramente la técnica de captura:
con un cedazo de 60-80 cm de diámetro, a la entrada del río de
Luarca hacia la desembocadura, dejándolo caer sujeto a una cuerda
desde la que se va haciendo fuerza con dirección a la bocana en las
frías noches.
También se puede emplear ese cedazo mediante un largo palo de
cañaveral con el que se debe empujar en contra de la corriente.
El proceso es bien simple: las angulas quedan atrapadas dentro
de la malla.
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Con la
debida constancia y cuidados apropiados pueden sobrevivir semanas,
incluso meses. Siempre se revisará para extraer las muertas. |
| Cedazo
artesanal, cedido para la ocasión por D. José Groeiro. (Foto
del autor). |
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Hace años era suficiente con remover las arenas y las
piedras situando un colador grande debajo, cogiendo de esta forma
los suficientes ejemplares para una partida.
De lo que no me cabe la menor duda es que nos encontramos
ante un cebo excepcional e imprescindible en invierno.
Sin haberlo deseado me he salido del relato concebido en
principio, por lo que aprovecho el momento para retomar la
cuestión de inicio. |
| Cedazos
de diverso tipo esperan la marea en la desembocadura del
río Esva. (Foto del autor). |
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Las
lubinas (“Dicentrarchus labrax”) y los abadejos (“Pollachius
pollachius”) se acercan a la costa en la persecución de
angulas, cuando han abandonado playas y otras localizaciones por
la escasez invernal de alimento. |
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Recinto previo al puerto de Luarca, un
magnífico e incomparable lugar. |
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| La
dura tarea. Santos aguanta el temporal y Adolfo, más atrás,
tienta las lubinas. |
En los pequeños riachuelos también tiene lugar
el ascenso de la angula. Con un pequeño cedazo podremos capturar
algunas para cebo. |
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