Artículos y experiencias de pesca

 

 Las angulas que pescan en la oscuridad (1)

Por Carlos Redruello

 
 

Los pescadores han ido perfeccionando desde el inicio de los tiempos sus sistemas de pesca, sobre la base de la atenta observación de las costumbres de los peces. Estos hábitos, perennes en el comportamiento animal, se han ido modificando sustancialmente en los últimos tiempos, debido en gran manera a los cambios evidenciados en el hábitat por la acción causal del ser humano.
Un proceso erosivo natural puede tardar miles, incluso millones de años, en crear una ensenada o delimitar las dimensiones de un estuario o una ría, con todo lo que ello conlleva respecto a las corrientes. Sólo la acción del hombre es capaz, a lo largo de un corto periodo temporal, de alterar todo ese conjunto

Fría noche en el muelle exterior de Luarca.
Este no es un buen año. (Foto del autor)

con la creación de escolleras, puertos, variando el cauce de los ríos y desarrollando barreras arquitectónicas.

  

Es por ello que, en la actualidad, resten pocos ecosistemas intocables en Occidente, aunque algunos persisten inmutables, salvados sólo temporalmente de la depredación. 
No cabe la menor duda que los peces han podido adaptarse a los nuevos cursos y relieves forzados en la geografía costera.  

Un paradigma de la lucha contra los obstáculos se encuentra en el fabuloso salmón Atlántico.
Las lubinas que desde la prehistoria abordaban los cursos finales de nuestros ríos y rías en la procura de alimento, año tras año siguen fieles a ese comportamiento. 

No obstante, la degradación ambiental y la saturación de artes de pesca, junto a la contaminación, son factores que llevan a suponer la disminución exponencial en el tamaño de las poblaciones.
Desembocadura del río Esva, una rivera salmonera  donde penetra la angula año tras año. (Foto del autor).
  

Esos cursos de los que hablaba, son el destino todas las temporadas de la entrada de las denominadas angulas, alevines de la anguila (“Anguilla anguilla”) que llegan desde el mar de los Sargazos después de unos tres años de viaje.
Durante este apocalíptico tránsito pasan por un estado larvario inicial (larva leptocéfala) hasta tomar la forma típica de la codiciada angula. Suele entrar en los ríos durante el periodo invernal en grupos, aprovechando sobre todo las noches de luna nueva y con mayor probabilidad si el mar está movido.  
 Se entierran en los primeros tramos del curso fluvial y en las primeras semanas, debido a la nueva alimentación, cambian la capa traslúcida, por una piel verde - parduzca.

Angulas para una velada. Con unas docenas tendremos suficientes. (Foto del autor).

Dada la escasez actual, debida a la sobre - explotación con vistas a la atención del consumo alimentario (ya que es considerada como un lujo gastronómico), así como la exportación a países de extremo oriente, que optan por 

   

criarla hasta adulta ( fase demandada por la tradición culinaria), las administraciones empiezan a prohibir su captura sin el debido permiso profesional.

 Por ello, los aficionados que antes nos proveíamos de unas decenas de ejemplares, ahora debemos adquirirlas en especialistas. ¡Qué le vamos a hacer, son cosas de los tiempos!. 

A pesar de ello puedo recordar someramente la técnica de captura: con un cedazo de 60-80 cm de diámetro, a la entrada del río de Luarca hacia la desembocadura, dejándolo caer sujeto a una cuerda desde la que se va haciendo fuerza con dirección a la bocana en las frías noches.

También se puede emplear ese cedazo mediante un largo palo de cañaveral con el que se debe empujar en contra de la corriente.  El proceso es bien simple: las angulas quedan atrapadas dentro de la malla.

Con la debida constancia y cuidados apropiados pueden sobrevivir semanas, incluso meses. Siempre se revisará para extraer las muertas.

Cedazo artesanal, cedido para la ocasión por D. José Groeiro. (Foto del autor).
   

 Hace años era suficiente con remover las arenas y las piedras situando un colador grande debajo, cogiendo de esta forma los suficientes ejemplares para una partida.

 De lo que no me cabe la menor duda es que nos encontramos ante un cebo excepcional e imprescindible en invierno.

Sin haberlo deseado me he salido del relato concebido en principio, por lo que aprovecho el momento para retomar la cuestión de inicio.

Cedazos de diverso tipo esperan la marea en la desembocadura del río Esva. (Foto del autor).

Las lubinas (“Dicentrarchus labrax”) y los abadejos (“Pollachius pollachius”) se acercan a la costa en la persecución de angulas, cuando han abandonado playas y otras localizaciones por la escasez invernal de alimento.

Recinto previo al puerto de Luarca, un magnífico e incomparable lugar.

La dura tarea. Santos aguanta el temporal y Adolfo, más atrás, tienta las lubinas.  

En los pequeños riachuelos también tiene lugar el ascenso de la angula. Con un pequeño cedazo podremos capturar algunas para cebo.

http://ww.todopesca.com

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