Veremos
que una vez suelto el aparejo, comienza un movimiento
ondulatorio que es el regalo preparado para nuestras presas que,
golosas, no pueden resistirlo.
Otro detalle a tener en cuenta consiste en nunca dejar de mirar
el cebo y, ante cualquier anomalía, renovarlo inmediatamente:
el secreto del éxito en esta modalidad hay que buscarlo en la
presentación de la angula.
En aquellas noches castigadas por una fuerte helada, trataremos
de mantener siempre la angula en el agua, ya que el contacto con
el gélido aire la perjudica gravemente.
En el caso que detectemos actividad en la superficie, cosa
evidente si percibimos ondulaciones e incluso saltos de los
peces fuera del agua, optaremos por un aparejo superficial.
Si por el contrario sospechamos que los peces se ceban en el
fondo, será el momento de estudiar la viabilidad de un montaje
profundo con uno, dos o tres anzuelos.
Un “Reo” cayó engañado con angula
en el puerto de Luarca, Asturias (Foto gentileza de D. José “Pin”
Groeiro). La pesca de truchas mariscas es común en estas
localizaciones. |

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