Artículos y experiencias de pesca
 
Historias de pesca
Por El Figu
 
Cuando decidimos ir a pescar, algo nos recorre nuestro estómago, ese gran lucio, ese bass que entra franco al señuelo, ese barbo que coge la hormiga de ala y se la traga con desparpajo, son muchas las ilusiones que nos hacemos antes de ir a pescar, de hecho tiene que ser así o por lo menos así lo entiendo yo, ya que esto también es pescar aunque sea mentalmente.

Vosotros habreis visto las competiciones atléticas donde tenemos el saltador, por ejemplo y mentalmente hace el salto y cae a la colchoneta antes de realizarlo, pues bien esto es lo mismo.
Yo particularmente imagino que habrá de todo, suelo dormirme el día anterior un poco nervioso, parece que en vez de en la almohada, pongo la cabeza en el lomo de un gran lucio y me quedo frito, no sin antes haber dado unas vueltas en la cama dado el nerviosismo que tengo. Algunos de vosotros me entenderéis y otros no, pero bueno trato de explicar un poco y a grandes rasgos lo que conlleva una jornada de pesca, desde el día anterior hasta que finaliza.

Cuando nos suena el despertador a las 5:30 de la mañana nos despertamos y nos ponemos de pie más rápido que el ataque de un lucio a un Popper, seguro que no nos ponemos de pie tan rápido cuando vamos a trabajar, os lo aseguro. Mentalmente mientras nos vestimos hacemos recuento de las cosas que llevamos, no vaya a ser que se nos olvide algo y la fastidiemos. La caña, el carrete, las moscas, la cámara, tijeras y demás artilugios, papel higiénico por si vemos el lucio de nuestra vida y nos da el apretón en pleno río. 
Un día olvidé la caña en casa y cuando llegué al lugar elegido para pescar y fui a sacar las cosas del coche me di cuenta que la caña no estaba y que se me había olvidado en casa.
Imaginaros, no hacia más que decirme una y otra vez, Figu, serás gilipollas. Por eso digo que un recuento mental en casa antes de salir no nos viene mal, de todas formas siempre se nos olvida algo, yo no se si por los nervios o porque, no se.....
Nos dirigimos a buscar a nuestro amigo de pesca y nos vamos para el sitio en cuestión, no dejamos de hablar de pesca por supuesto, cosa que a la vuelta no pasa porque él está frito en el coche y yo también con un sueño que no veas y deseando llegar a casa para tumbarme un poquito en el sillón.
Poco antes de llegar al sitio hay que parar a desayunar por supuesto.
La conversación con el camarero puede ser tal que así:
Hola, buenas que van a tomar.

Un café y de mojar que tienes?
Sobaos, bizcocho, etc....
Pues ponme un rapala articulado, digo, un poquito de bizcocho.
Más o menos y bromas a parte esto es así.
Vosotros os acordáis de estas máquinas que están en los bares que con una mano de metal baja y coje un reloj o un muñequito, pues yo siempre he deseado que hubiese algún vinilo o algún rapala o moscas, en fin.
Una vez en el sitio concreto de pesca, no sabemos con que empezar, esta mosca irá mejor  o este rapala para empezar o mejor un spinnerbait ya que hay algas, la verdad es que no sabes, de todas formas siempre empiezas con el señuelo que más picadas te ha dado, esto es así, todos nosotros tenemos unos señuelos preferidos en los que toda nuestra fe la basamos en ellos.
Después si tenemos un poco de suerte y hacemos las cosas medianamente bien, cogeremos algo y si no, empezaremos a decir que el tiempo a cambiado muy brusco o que viene más agua de la normal en este tramo , por eso no entran bien.
Yo me acuerdo en mis inicios de pesca cuando pescaba las bogas a gusarapa y los barbos a miga de pan o a ova que estas cosas no se decían, día que ibas a pescar, día que cogías gran cantidad de peces, barbos, bogas y no importaba el nivel del agua, ni el día, ni si el agua estaba fría o no, no importaba nada de nada y siempre picaban, siempre.







Una de dos o le dices que cambie de deporte o que se arme de paciencia y se lleve un parchis al río. Porque la verdad no nos engañemos, yo me he llevado muchas veces algún amigo que no sabía pescar para iniciarle un poquito y se desesperan, pescar hoy en día no está al alcance de todos.
Hoy en día ir por ejemplo a por lucios y pescar un par de ellos es todo un éxito, los tiempos en los que en el embalse de Entrepeñas se sacaban lucios con una media de 7 u 8 kilos se han acabado, ahora pescar es otra historia y nada tiene que ver con la de antes.
Hace 15 años tirabas la cucharilla de lana roja y te seguían 3 lucios pegándose por ella, ahora esto no es así y la culpa por supuesto de todo esto es de nosotros, de quien iba a ser si no. Somos maquinas de destruir todo, si nos enteramos que en tal embalse entra muy bien el Blas no hay de que preocuparse, en pocos años entre todos habremos acabado con este sitio y no saldrá ni uno.

 

Os voy a poner un ejemplo muy gráfico aunque sea de lucios y en León que ya sabéis que problemática hay aquí con este pez.
En el Balsón de Santa Marina León, río Orbigo se sacaban lucios enormes, cuando digo enormes son enormes, de hecho fue considerado en una revista del sector como el mejor acotado de lucios de Europa hace muy pocos años. Pues bien desde hace 4 ó 5 años ya no esta acotado y dejan pescar todo el año y con cualquier artilugio salvo el pez vivo, antes sólo se permitía pescar en la apertura de la trucha y con un sólo arpón.
Con estas normas el panorama empezó a cambiar como de la noche a la mañana, la gente se los llevaba a puñados no importándoles ni el peso ni el tamaño y de estar sacando gran cantidad de lucios y gordos a no sacar nada de nada, si acaso algún lapicero. Me contó un día allí la Guardia Civil que vieron un lucio por la noche con los focos del patrol que según el agente media lo mismo que su capó del patrol, yo me lo creo, por que hace unos años asomado en el puente y en época de celo del lucio, ví una hembra que daba miedo, tendría cerca de los 15 kilos más o menos sin quitarle los quilos que se pierde a ojo cuando la ves desde un puente, que sabéis que es un poco más pequeña.
Con esto os quiero decir que nosotros sólos nos cargamos todo, absolutamente todo, no dejamos títere con cabeza. Lo contado al inicio del 
artículo me sigue pareciendo lo mejor de todo ese hormigueo en la tripa, antes de pescar y esos nervios síntoma de que una jornada de pesca nos espera, pero como será esa jornada, eso nadie lo sabe. De todas formas y hablo por mí, el día que no tenga esas sensaciones en el cuerpo y no me acueste nervioso y no sueñe con pescar, dejaré la pesca, anunciaré las cañas en alguna revista para que me las compre alguien y me dedicare a otra cosa, mientras tanto seguiré pescando con la misma ilusión de un niño, os lo aseguro.
Solo le pido a la gente una cosa, que no se lleven los peces y que usen más la captura y suelta que ya va siendo hora. 
Yo se perfectamente que esto no volverá a ser lo de antes pero por lo menos si conseguimos que mejore un poco lo agradeceremos todos.

Bueno salu2 de Figu y hasta otra amigos.

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Gracias, Carlos
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