LA VENGANZA DE MEQUINENZA                Por   Alfredo García

El castillo de Mequinenza

Como cada año por estas fechas, preparo una jornada de pesca en Mequinenza. Este año no iba muy entusiasmado, pensando como estaría aquello, después de las crecidas de este último invierno. No había vuelto desde el pasado mes de Septiembre, con ocasión del II Encuentro de Amigos TODOPESCA.COM., (que por cierto se me dio fatal. Desde aquí mando un saludo a Enrique, a Mauricio a Jesús y todos los que hacéis posible este encuentro). 
Además llevaba ya pescando en mis lugares habituales, desde hacia una semana, sin haber logrado prácticamente nada. En fin, que entre unas cosas y otras el nivel de motivación no era muy

elevado. Pero Mequinenza tiene, ese "Duende" que  te engancha; y que independientemente de cómo se de la jornada, siempre te hace volver;  LAS GRANDES CARPAS, de las que todos hemos oído hablar o hemos visto en algún reportaje fotográfico o por los mas afortunados, que te cuentan en primera persona ese momento inolvidable en el que logro capturar una de esas carpas. Con esta ilusión uno vuelve una y otra vez. Y con esta ilusión el pasado día 16 de abril cargamos el coche con los equipos de pesca, procurando no olvidar nada que pudiera ser absolutamente necesario y nos pusimos en camino al amanecer. Durante el viaje barajábamos la posibilidad de donde ubicarnos; subiríamos hasta el embalse o nos quedaríamos en Mequinenza.

Cuando llegamos, decidimos sacar el  debido ticket e intentar ponernos en uno de esos lugares tan codiciados, esos que todos te aconsejan, pero que siempre están  ocupados por alguien mas madrugador que tu. Y eso hicimos. (Como ultimo recurso subiríamos hasta el embalse a ver si localizábamos el sitio que nos dibujo y que me envió el amigo Miguel.). Afortunadamente, el primer sitio al que nos dirigimos estaba vacío. No nos lo pensamos dos veces. Echamos el freno de mano y tomamos posesión del lugar tanto tiempo deseado. 
Descargamos el coche y como si de un ritual se
tratara, montamos los equipos de pesca.

Una vista del embalse de Ribarroja

Con esta carpa de 14,900 Kg batí mi record

  No podía empezar mejor el día. Aquello era un buen augurio. Serian las nueve de la mañana, cuando todas las cañas ya estaban en el agua.
Empecé a cebar la zona a modo generoso. Cuando acabé, me senté en mi silla y me encendí un cigarrillo, esperando, como si de la noche de reyes se tratara, sonara uno de los avisadores.
El día, aunque nublado, era apacible, pero no tardo mucho en cambiar y mostrar su lado mas desagradable. El aire frío calaba hasta los huesos, soplaba tan fuerte que zarandeaba los  trípodes con el riesgo de que desmontaran los equipos y por momentos daba la impresión de estar pescando en el rompeolas. 

Eran ya las doce y la cosa no mejoraba. Se estaba incomodo, la familia dentro del  coche, y me estaba planteando en cambiar de lugar o dar por terminada,  la jornada, cuando de repente uno de los avisadores empezó a sonar. Aunque conseguí engancharla no tardo mucho en soltarse quedándome como siempre se queda uno en estos casos, con un palmo de narices. Paso por mi cabeza el pasado Septiembre cuando en el "Encuentro"  me paso exactamente lo mismo; tuve una picada que no conseguí sacar, y ya no volvieron a sonar los avisadores en dos días. Lo primero que pensé "la historia se repite". No puede ser. Pese a,  como ya he dicho antes,  hacia unos minutos estaba planteándome  irme, ahora mas que nunca estaba decidido a quedarme, por incomodo se pudiese estar.

Que buena decisión. No tardo mas de 15 minutos en sonar otro avisador, pero de una forma muy rara, no sacaba hilo de forma continua y cuando fui a coger la caña se paro. Noté por el señalizador visual que el hilo cada vez se destensaba más pero el avisador no sonaba, fueron unos momentos de duda, debía tirar o esperar. Pensé que era posible que la carpa viniera hacia la orilla y ese fuese el comportamiento que notaba extraño, además el aire había destensado mucho la línea.  El avisador visual no paraba de oscilar de manera suave y los avisadores apenas emitían un corto pitido.
En un momento determinado cogí la caña y tire. 

Esta preciosidad pesó 9,100 Kg

Aunque había mucho hilo destensado, note la clavada y el peso al otro lado de la línea. Solo pensaba en que esta vez no se soltara y viniera bien enganchada. El peso que se notaba y la fuerza con que tiraba, indicaba que la pieza era considerable. Solo había tenido esa sensación el pasado Septiembre y no pude ver el tamaño de la carpa. Poco a poco y con cuidado fui recogiendo línea. Los últimos 25 metros fueron los peores, las embestidas eran fortísimas, no quería que se me escapara y dudaba si soltar hilo y dejarla alejarse o retenerla siempre con el carrete flojo.

Detallede la cabeza de mi record

El miedo a que se escapara me hizo poner un poco nervioso, parecía mi primer día de pesca. La tenía prácticamente en la orilla y aun no conseguía verla. Los que habéis estado en Mequinenza sabéis de que color es el agua (chocolate); podía ver el antienredo,  el plomo, y aunque empleo bajos de no mas de 25 centímetros no conseguía ver la carpa, solamente una gran cola rojiza que chapoteaba con fuerza en el agua. Fueron unos momentos inolvidables. Por fin conseguimos meterla en el salabre, ayudándonos con las manos. Cuando la tuvimos fuera, no nos lo podíamos creer, parecía un “torpedo”, nunca habíamos visto algo igual, era increíble. Procedimos a pesarla 14,900 Kg. Una Carpa de 15 Kg.
No diré que nunca lo hubiera soñado, pero me parecía mentira.

Hasta entonces la mas grande que había sacado era de 8 Kg., esto sobrepasaba todos mis limites. Después de Fotografiarla desde todos los ángulos posibles, la soltamos con cuidado. 
En ese momento salte, chille, baile y sentí esa felicidad intensa y su vez fugaz que de vez en cuando uno puede sentir. Para mi la jornada había concluido, la satisfacción era mas de lo esperado, la venganza de Mequinenza se había cumplido
No obstante, solo era medio día. Pensé, quien sabe, aunque me había puesto el listón muy alto, porque no sacar una de 16 Kg., se dice que las hay todavía más gordas.

Al poco rato,  "sorpresa", el avisador sacaba humo. Esta vez una de 9,100 Kg. Era estupendo volvía a batir mi anterior record.
Justo el tiempo de hacer las fotos y soltarla, cuando de repente “ Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii ”, que pasada. Tiraba como una mula. Pensé;  mira que si es la de 16 Kg.  Hoy es mi día de suerte.
Ya se me había quitado la tensión de la primera y disfrute de ella todo lo que pude. Desde lejos se veía su cola negra chapoteando el agua. Mi mujer decía  "es pequeña". ¿Nos habíamos vuelto pretenciosos de repente? Peso 8,250 Kg. Y si que es verdad que ya todo parecía pequeño.   
A las 14 h., más o menos,  vino una excursión de esas organizadas para alemanes dispuestos a sacar un gran siluro. Para entonces el aire  pareció calmarse un poco quedándose un día más o menos agradable.  Invadieron la zona próxima a mi puesto de pesca con sus grandes boyas. 10 para ser exactos, entrando y saliendo constantemente la barca desde donde situaban la línea. 

La última del día pesó 10 Kg
Con 8,250 Kg,  me parecia pequeña

Y a pesar de la mejoría del tiempo, ni ellos, ni yo teníamos picada.
Dado que ya me sentía, más que satisfecho, me hubiera gustado ver como sacaban un gran siluro. No fue posible.
A eso de las 20 horas, y sin tener mas picadas, decidimos recoger las cañas y volver a casa con una alegría inmensa. Se acerco un  pescador de "agua salada", interesándose por los artes de pesca en aguas continentales. Intercambiamos experiencias, y al relatarle que había pescado una de 15 Kg., me miro con tal cara de desconfianza, que no tuve más remedio que enseñarle las fotos de mi digital, gracias a lo cual volví a recuperar mi  credibilidad.

Se espero hasta la 20,30 h. con el fin de ver si sacaba algo, pero no tuvo suerte. Se monto en su coche y no había andado mas de 30 mt. cuando yo, si que la tuve. Con dos cañas nada mas dentro del agua, y decidiendo cual sacaba primero, no hubo lugar a dudas; la que titaba. No se podía tener mejor final para  una jornada de pesca. Otra de 10,00 Kg.
Había estado muchas veces en Mequinenza y casi  siempre me había ido con un cierto mal sabor de boca, pero esta vez…..., esta vez me he vengado.
Espero no tardar mucho en volver, y aunque soy consciente,  que siempre no será así, volveré, como siempre, con la ilusión de conseguir una gran captura.
Un saludo a todos, y en especial a mis compañeras de pesca; mi mujer y mi hija.
Alfredo García (Bertucho)

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