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Como
cada año por estas fechas, preparo una jornada de pesca en
Mequinenza. Este año no iba muy entusiasmado, pensando como
estaría aquello, después de las crecidas de este último
invierno. No había vuelto desde el pasado mes de Septiembre,
con ocasión del II Encuentro de Amigos TODOPESCA.COM., (que por
cierto se me dio fatal. Desde aquí mando un saludo a Enrique, a
Mauricio a Jesús y todos los que hacéis posible este
encuentro).
Además llevaba ya pescando en mis lugares
habituales, desde hacia una semana, sin haber logrado
prácticamente nada. En fin, que entre unas cosas y otras el
nivel de motivación no era muy |
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elevado. Pero Mequinenza tiene,
ese "Duende" que te engancha; y que independientemente de cómo se de la
jornada, siempre te hace volver; LAS GRANDES CARPAS, de las que
todos hemos oído hablar o hemos visto en algún reportaje fotográfico
o por los mas afortunados, que te cuentan en primera persona ese momento
inolvidable en el que logro capturar una de esas carpas. Con esta
ilusión uno vuelve una y otra vez. Y con esta ilusión el pasado día
16 de abril cargamos el coche con los equipos de pesca, procurando no
olvidar nada que pudiera ser absolutamente necesario y nos pusimos en
camino al amanecer. Durante el viaje barajábamos la posibilidad de
donde ubicarnos; subiríamos hasta el embalse o nos quedaríamos en
Mequinenza. |
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No podía empezar mejor el día. Aquello era un buen
augurio. Serian las nueve de la mañana, cuando todas las cañas
ya estaban en el agua.
Empecé a
cebar la zona a modo generoso. Cuando acabé, me senté en mi silla y me
encendí un cigarrillo, esperando, como si de la noche de reyes se
tratara, sonara uno de los avisadores.
El día, aunque nublado,
era apacible, pero no tardo mucho en cambiar y mostrar su lado mas
desagradable. El aire frío calaba hasta los huesos, soplaba tan fuerte
que zarandeaba los trípodes
con el riesgo de que
desmontaran los equipos y por momentos daba la impresión de estar
pescando en el rompeolas. |
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Eran ya las doce y la
cosa no mejoraba. Se estaba incomodo, la familia dentro del coche, y me estaba planteando en cambiar de lugar o dar por
terminada, la jornada,
cuando de repente uno de los avisadores empezó a sonar. Aunque conseguí
engancharla no tardo mucho en soltarse quedándome como siempre se queda
uno en estos casos, con un palmo de narices. Paso por mi cabeza el
pasado Septiembre cuando en el "Encuentro"
me paso exactamente lo mismo; tuve una picada que no conseguí
sacar, y ya no volvieron a sonar los avisadores en dos días. Lo primero
que pensé "la historia se repite". No puede ser. Pese a,
como ya he dicho antes, hacia
unos minutos estaba planteándome irme,
ahora mas que nunca estaba decidido a quedarme, por incomodo se pudiese
estar. |
Que
buena decisión. No tardo mas de 15 minutos en sonar otro
avisador, pero de una forma muy rara, no sacaba hilo de forma
continua y cuando fui a coger la caña se paro. Noté por el
señalizador visual que el hilo cada vez se destensaba más pero
el avisador no sonaba, fueron unos momentos de duda, debía
tirar o esperar. Pensé que era posible que la carpa viniera
hacia la orilla y ese fuese el comportamiento que notaba
extraño, además el aire había destensado mucho la línea.
El avisador visual no paraba de oscilar de manera suave y
los avisadores apenas emitían un corto pitido.
En
un momento determinado cogí la caña y tire. |

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Aunque había mucho hilo
destensado, note la clavada y el peso al otro lado de la línea. Solo
pensaba en que esta vez no se soltara y viniera bien enganchada. El peso
que se notaba y la fuerza con que tiraba, indicaba que la pieza era
considerable. Solo había tenido esa sensación el pasado Septiembre y
no pude ver el tamaño de la carpa. Poco a poco y con cuidado fui
recogiendo línea. Los últimos 25 metros fueron los peores, las
embestidas eran fortísimas, no quería que se me escapara y dudaba si
soltar hilo y dejarla alejarse o retenerla siempre con el carrete flojo. |
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El miedo a que se escapara me hizo poner un poco nervioso, parecía mi
primer día de pesca. La tenía prácticamente en la orilla y aun no
conseguía verla. Los que habéis estado en Mequinenza sabéis de que
color es el agua (chocolate); podía ver el antienredo, el plomo,
y aunque empleo bajos de no mas de 25 centímetros no conseguía ver la
carpa, solamente una gran cola rojiza que chapoteaba con fuerza en el
agua. Fueron unos momentos inolvidables. Por fin conseguimos meterla en
el salabre, ayudándonos con las manos. Cuando la tuvimos fuera, no nos
lo podíamos creer, parecía un “torpedo”, nunca habíamos visto
algo igual, era increíble. Procedimos a pesarla 14,900 Kg. Una Carpa de
15 Kg.
No diré que nunca lo hubiera soñado, pero me parecía mentira. |
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Hasta entonces la mas grande que había sacado era de 8 Kg., esto
sobrepasaba todos mis limites. Después de Fotografiarla desde todos los
ángulos posibles, la soltamos con cuidado.
En ese momento salte,
chille, baile y sentí esa felicidad intensa y su vez fugaz que de vez
en cuando uno puede sentir. Para mi la jornada había concluido, la
satisfacción era mas de lo esperado, la venganza de Mequinenza se
había cumplido.
No obstante, solo era medio día. Pensé, quien sabe,
aunque me había puesto el listón muy alto, porque no sacar una de 16
Kg., se dice que las hay todavía más gordas. |
Al poco rato,
"sorpresa", el avisador sacaba humo. Esta vez una de 9,100
Kg. Era estupendo volvía a batir mi anterior record.
Justo el tiempo de hacer
las fotos y soltarla, cuando de repente “
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii ”, que pasada. Tiraba como una
mula. Pensé; mira que si es la de 16 Kg.
Hoy es mi día de suerte.
Ya se me había quitado
la tensión de la primera y disfrute de ella todo lo que pude. Desde
lejos se veía su cola negra chapoteando el agua. Mi mujer decía "es pequeña". ¿Nos habíamos vuelto pretenciosos de
repente? Peso 8,250 Kg. Y si que es verdad que ya todo parecía pequeño.
A las 14 h., más o menos, vino
una excursión de esas organizadas para alemanes dispuestos a
sacar un gran siluro. Para entonces el aire
pareció calmarse un poco quedándose un día más o menos
agradable. Invadieron
la zona próxima a mi puesto de pesca con sus grandes boyas. 10
para ser exactos, entrando y saliendo constantemente la barca
desde donde situaban la línea.
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Y a
pesar de la mejoría del tiempo, ni ellos, ni yo teníamos
picada.
Dado que ya me sentía,
más que satisfecho, me hubiera gustado ver como sacaban un gran siluro.
No fue posible.
A eso de las 20 horas, y sin tener mas picadas, decidimos recoger las cañas
y volver a casa con una alegría inmensa. Se acerco un
pescador de "agua salada", interesándose por los artes de
pesca en aguas continentales. Intercambiamos experiencias, y al
relatarle que había pescado una de 15 Kg., me miro con tal cara de
desconfianza, que no tuve más remedio que enseñarle las fotos de mi
digital, gracias a lo cual volví a recuperar mi credibilidad. |
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Se espero hasta la 20,30 h. con el fin de ver si
sacaba algo, pero no tuvo suerte. Se monto en su coche y no había
andado mas de 30 mt. cuando yo, si que la tuve. Con dos cañas nada mas
dentro del agua, y decidiendo cual sacaba primero, no hubo lugar a
dudas; la que titaba. No se podía tener mejor final para una
jornada de pesca. Otra de 10,00 Kg.
Había estado muchas
veces en Mequinenza y casi siempre
me había ido con un cierto mal sabor de boca, pero esta vez…..., esta
vez me he vengado.
Espero no tardar mucho
en volver, y aunque soy consciente,
que siempre no será así, volveré, como siempre, con la ilusión
de conseguir una gran captura.
Un saludo a todos, y en
especial a mis compañeras de pesca; mi mujer y mi hija.
Alfredo García (Bertucho) |
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