COMO VEN LOS PECES (2)

CONOS Y BASTONES
La retina, capa ocular donde los rayos luminosos van a producir reacciones fotoquímicas que, transmitidas por el nervio óptico, serán interpretadas por el encéfalo, posee en los peces, como en nosotros, dos tipos celulares: conos y bastones. Estos últimos, excitables por haces de luz débil, proporcionan una visión monocromática (distintos tonos de gris) semejante a la que nosotros tenemos en condiciones de semipenumbra (vemos la silueta del árbol que se recorta sobre la ultima claridad del cielo pero no podemos distinguir el color de sus hojas).
En bastantes peces, como la oblada, la densidad de células sensibles al calor se sitúan en la parte baja de la retina. Los conos solo se excitan con luz intensa y son los responsables de la visión en color. De mayor o menor densidad de estas células en la retina dependerá la mayor o menor sensibilidad visual para los colores.

Los ojos del lenguado apenas  son apreciables

En general la discriminación de colores es notaria en todas aquellas especies que desarrollan sus ciclos vitales en aguas transparentes y bien iluminadas, lo que es aplicable a las litorales donde el pescador deportivo ejerce su actividad; Por el contrario, está muy disminuida en aquellas ictioespecies que habitan en aguas profundas, o donde domina la opacidad.  En estos peces pierde importancia la visión cromática (y aun la visión a secas) a favor a otros órganos sensoriales (barbilones, peribucales, línea lateral, olfato,...) y mas útiles en estas condiciones para detectar el alimento.

Los peces depredadores con actividad nocturna, como el congrio y la morena, debe tener un buen olfato que les guié y un predador de biotopos opacos detectara a un pececillo con natación irregular a través de las ondas de presión que viajan por el agua y que reciben su órgano sensitivo lateral, por su línea lateral.

La desigual importancia de visión en distintas especies ícticas queda reflejada, en alguna medida, en los diámetros oculares relativos. La lubina por ejemplo, especie diurna que tiene su campo de acción en aguas someras y en la proximidad de la interfase "agua- aire" donde captura a sus presas móviles (camarones, gambas, angulas, lanzones,....) tiene un diámetro ocular relativamente grande para su tamaño. Por el contrario, el rape, cuyo ciclo vital transcurre en el fondo de aguas mal iluminadas tiene un diámetro ocular bien reducido en comparación con su cuerpo. El besugo, (pagellus acarne), que tiene ojos bien grandes para su talla, habita a profundidades donde la luz 

recibida es muy tenue; digamos que su estrategia de percepción es agrandar sus ojos para recoger la débil claridad de las aguas.

Siendo esta disparidad de diámetros indicativos en buena medida de la importancia que tiene la visión en los ciclos vitales de las especies ícticas, son las muy distintas densidades de conos y bastones los últimos responsables de una vista más o menos aguda. Hay una estrecha correlación entre la claridad de visión cromática, los hábitos alimenticios y la posición marina que suele ocupar cada especie en el seno acuático. Y tan posible es explicar esa agudeza cromática en función de estos hábitos, posición.....como estos en función de aquella, pues en ecología no tiene sentido hablar de relaciones simples causa- efecto sino de interacciones (relaciones reciprocas). Dicho de otro modo: existe una presión selectiva, que se manifiesta en adaptaciones y en evolución, que relaciona capacidades biológicas (por ejemplo la claridad de la visión) y función en el ecosistema, o con mas propiedad, nicho ecológico de la especie.

La palometa tiene  una buena visión

PECES "VISUALES Y CIEGOS" 
Los predadores de superficie, ya sean macro-depredadores (palometones, corvinas,....) o meso-depredadores (sargos, mojarra, raspallón,....) presentan un alto número de conos por unidad de superficie retiniana y, en consecuencia, una gran agudeza visual para los colores; son peces que llamaremos visuales.  En el extremo opuesto se encuentran los habitantes de aguas profundas (donde la luz que llega es poco intensa y monocromática) o especies de hábito nocturnos, que carecen de conos o los tienen de baja densidad. Estas especies tienen poca capacidad para discriminar colores, son ciegos- o casi- para el color. 

Bien conocido de los pescadores es que bastantes peces carnívoros (anjovas, bailas, róbalos) muerden las muestras  que el pescador les ofrece en las proximidades del plano acuático en atardeceres y amanecidas, en momentos de sombra larga. La baja intensidad lumínica de estos instantes explica que (en igualdad que en otros factores influyentes) las picadas sean mas abundantes en estos momentos de luz deficitaria, cuando es mas fácil con estas imitaciones de sus presas que son los señuelos.

Aunque, con rigor, hemos de adelantar que los ritmos endógenos de alimentación tienen que ver mucho en este morder en los momentos crepusculares por estos y otros peces, como los salmones en el mar.

Por el contrario, los peces visuales (de hábitos diurnos, habitantes de las aguas superficiales, depredadores) suelen poseer un relativamente menguado del olfato; así se interpreta el escaso desarrollo de los centros olfativos del encéfalo, muchos menores que los centros visuales. Parece, que su estrategia vital fía el éxito más en la visión que en el olfato, justo lo contrario de lo que ocurre a los que hemos denominados "ciegos" para el color, donde el olfato toma el relevo de la visión y adquiere clara preeminencia en la obtención de información del medio.

Estas aproximaciones genéricas, gruesa, a la realidad, deben ser particularizadas para cada especie íctica concreta. Así por ejemplo la anguila, con una extraordinaria sensibilidad olfativa tiene unos tres millones de bastones (visión monocromática) por cada milímetro cuadrado de superficie retiniana, lo que puede parecer excesivo para un pez que esta guiado por su olfato antes que por su vista. Pero los ojos de la anguila en el río están aguardando su etapa marina, cuando las anguilas europeas tengan que efectuar esa larguísima migración hasta el mar de los Sargazos para reproducirse; migración que efectuará en profundidades de varios centenares de metros bajo la superficie oceánica. Entre los cambios que proceden inmediatamente a la migración está, en la anguila, un crecimiento notorio de los ojos y sus bastones adquieren el pigmento visual típico de los peces marinos, la rodopsina, y no el que caracteriza a las especies propias del agua dulce, la porfirpsina.

Tanto en los de acusada visión monocromática pero con escasez de conos (ciegos para el color) como en aquellos que hemos adjetivado de visuales, la distribución de conos y bastones en sus retinas no sigue una pauta regular. En general, la región posterior de la retina (donde inciden los haces luminosos provenientes de su campo binocular anterior) presentan una mayor densidad de conos y/o bastones que el resto de la superficie retiniana, lo que explica que en este campo delantero la discriminación de formas y colores sean mayor que en los campos laterales.

A este modelo genérico hay que superponer, de nuevo, las peculiaridades de las distintas especies ícticas.

Por ejemplo: en la oblada, la región inferior de la retina (donde inciden directamente los rayos luminosos)  tiene una densidad de conos significativamente mayor que la superficie retiniana superior (donde se captan los haces que proceden de debajo del animal) ; y además poseen estos conos una mayor diversidad de pigmentos fotosensibles, que los hace sensibles a distintos colores, así, este pez, o el atún, tiene un subcampo óptimo de visión delante y algo encima de su cabeza, y con frecuencia ambos atacan la muestra que el pescador le ofrece siguiendo una trayectoria oblicua ascendente.

Texto: Ernesto Andrés (valenciano)

 Fotos y dibujos: todopesca.com

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