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Pontevedra cuenta con
17.839 pescadores con licencia, que pueden practicar su afición en los 36 cotos abiertos
hasta el próximo 26 de agosto. "Lo tradicional es la miñoca. Hay que mancharse las manos para pescar algo", afirmaba ayer Juan Carlos do Pazo, un pescador de Gondomar que se había acercado en las primeras horas del día al Rotea, cerca de Tui. Al cabo de cuatro horas sólo había conseguido cinco ejemplares pequeños que tuvo que devolver al río al no alcanzar la talla mínima exigida, fijada en 19 centímetros. Durante esta temporada de pesca fluvial, la Xunta ha prohibido la utilización de anzuelos de tamaño inferior al número 14 para la pesca con cebo natural en todos los ríos de la comunidad, excepto en los embalses. Con esta medida se pretende facilitar la devolución al río sin daños de los peces que no tienen las medidas mínimas. "Es un mal día para pescar con cucharilla, es mejor la miñoca", comentaba César, otro pescador en la parroquia de Amorín que tuvo que devolver por inmaduro todo lo que pescó. Otros pescadores, como el tudense José Ignacio, se marchaban a casa de vacío después de cuatro horas caña en ristre. "Baja demasiada agua por las lluvias", explicaba al abandonar la margen del Tripes, un afluente del Miño, en Tui. Las capturas fueron también escasas en el Deza, aunque en Tabeirós-Montes se logró un buen nivel. Al sur, en A Guarda, los pescadores se vieron defraudados por los malos resultados después de que se hubiese realizado una limpieza en el cauce fluvial. Lo de "a río revuelto, ganancia de pescadores" no siempre se cumple. |
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