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"No sabemos la causa del fallecimiento. Pudo ser por enfermedad, por un proceso vírico. El temporal debe haberla sacado una vez muerta. Aparentemente no presenta heridas. Nadan en zonas profundas a unos 20 millas de la costa. Lo extraordinario no es que esté muerta sino que haya llegado hasta el interior del puerto", aleteaban Àngel Valmaseda y Enric Nieto, del Centre de Recuperació d'Animals Marins. A las cuatro de la tarde comenzaron con el levantamiento del cadáver. Y ciertamente fue un levantamiento porque durante hora y media dos grúas participaron en la izada de los despojos hasta el improvisado camión fúnebre. Era igual que pescar, pero a lo Goliat. Unos tres días muerta Tras una tempestad, Javier Romo, técnico del departamento de medio ambiente del puerto, sabía que el agua se llenaba de "flotantes", como llamaban con fineza a la porquería. De este mar embalsamado surgían plásticos y maderos, pero no había previsto topar con una ballena: "Debe de llevar poco tiempo muerta, calculo que unos tres días. Generan mucha calor. Y con ese calor, y tanta grasa, se descomponen". Que el animal fuera fresco -- "¡nena, que tinc balena que encara
es belluga!" -- era lo que había atraído hasta la pesquera a Manel Gazo, del Grup
de Recerca de Mamífers Marins: "Tomaremos muestras para un análisis de
contaminación. En el Mediterráneo occidental hay unas 4.000 ballenas. En esta época
pasan cerca de la costa catalana. Migran del sur al norte". |
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