El Periódico

Muerte en el fitoplancton

 
 
 

Artículo de prensa publicado en "El Periódico", en fecha 10/05/2002

   
  

El cuerpo de una ballena de 13,5 metros y 28 toneladas es rescatado en el puerto de BCN

     

PAU ARENÓS / BARCELONA

  

Las aguas del puerto de Barcelona eran ayer de color turquesa, probablemente por la concentración de fitoplancton. En el potaje nutritivo había una ballena muerta, un rorcual común, macho y adulto. De algún modo aquello era absurdo porque ese potaje tendría que haberle dado la vida.

El cadáver del cetáceo había sido arrastrado por la tormenta --la conjetura más probable-- hasta el muelle de Sant Bertrán, remolcado después por una barca a la dársena Oeste. Era un viaje al revés.

Lo ritual hubiera sido que el gran mamífero nadase hasta un lejano santuario marino para perecer. Sin embargo, varó en una orilla de carga y descarga.
El ente más parecido que había por allí era un contenedor, si bien la ballena era más grande que cualquier recipiente: 13,5 metros y 28 toneladas de peso.

En marzo del 2001, otro rorcual fiambre, de 18 metros, había dado con su osamenta catedralicia en el puerto. Tal vez los atraía el magnetismo del cementerio de Montjuïc, que, como un faro de muerte, se veía desde muchas millas.

"No sabemos la causa del fallecimiento. Pudo ser por enfermedad, por un proceso vírico. El temporal debe haberla sacado una vez muerta. Aparentemente no presenta heridas. Nadan en zonas profundas a unos 20 millas de la costa. Lo extraordinario no es que esté muerta sino que haya llegado hasta el interior del puerto", aleteaban Àngel Valmaseda y Enric Nieto, del Centre de Recuperació d'Animals Marins. A las cuatro de la tarde comenzaron con el levantamiento del cadáver. Y ciertamente fue un levantamiento porque durante hora y media dos grúas participaron en la izada de los despojos hasta el improvisado camión fúnebre. Era igual que pescar, pero a lo Goliat.

Unos tres días muerta

Tras una tempestad, Javier Romo, técnico del departamento de medio ambiente del puerto, sabía que el agua se llenaba de "flotantes", como llamaban con fineza a la porquería. De este mar embalsamado surgían plásticos y maderos, pero no había previsto topar con una ballena: "Debe de llevar poco tiempo muerta, calculo que unos tres días. Generan mucha calor. Y con ese calor, y tanta grasa, se descomponen".

Que el animal fuera fresco -- "¡nena, que tinc balena que encara es belluga!" -- era lo que había atraído hasta la pesquera a Manel Gazo, del Grup de Recerca de Mamífers Marins: "Tomaremos muestras para un análisis de contaminación. En el Mediterráneo occidental hay unas 4.000 ballenas. En esta época pasan cerca de la costa catalana. Migran del sur al norte".
Se fueron todos. El rorcual pasó la noche en el camión. Hoy lo enterrarán en un vertedero.

            

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